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Adaptación al proceso migratorio en jóvenes

Adaptación al proceso migratorio

El fenómeno migratorio está vinculado a la evolución humana, pero actualmente es el resultado del enorme foso que separa a los países pobres de los países ricos. Emigrar es una necesidad y un acto que afecta profundamente al individuo, a la familia, al entorno y a las sociedades emisora y receptora. Un acto que a menudo es vivido como un problema y no como una solución a necesidades sociales y económicas, lo que puede generar situaciones de tensión que dificulten la adaptación, la convivencia y el dialogo intercultural. Cabe tener presente que la inmigración es una oportunidad por el intercambio de valores culturales y el conocimiento de otras costumbres, y porque posibilita el conocimiento recíproco y facilita la aceptación y el respeto a la diferencia y la diversidad

El fenómeno migratorio es tan viejo como la misma humanidad y va ligado al desarrollo y la evolución humana. Pero el movimiento migratorio actual es el resultado del enorme foso que separa a los países pobres de los países ricos, como consecuencia del contexto geopolítico internacional y el modelo de globalización económica. Por consiguiente, huir, exiliarse y encontrar refugio en otro país, cuando ello es posible, se impone antes que se decide. Emigrar es, por tanto, una necesidad y un acto que afecta profundamente al individuo, a la familia, al entorno y a las sociedades emisora y receptora. Implica, a nivel individual y familiar, dejar un “modelo de vida” y de identidad para incorporar otro “nuevo”, así como a nivel social (en ambas sociedades) supone cambios estructurales en el ámbito socioeconómico y político.

 El fenómeno migratorio, pues, es complejo y multifacético, abarca factores económicos, políticos, psicológicos, sociales y culturales. En otras palabras, la emigración está motivada fundamentalmente por dos tipos de factores: los macroestructurales, es decir, económicos, políticos, conflictos bélicos, la globalización, la influencia de los medios de comunicación, etc.; y los microestructurales, como la presión de la familia (economía familiar precaria) y la existencia de las redes sociofamiliares en el país destino de la emigración, que actúan como un efecto llamada porque reducen el costo de los desplazamientos, y la incorporación de los nuevos inmigrantes procedentes del mismo sitio de origen.

 El fenómeno migratorio es vivido, con frecuencia, como un problema y no como una solución a necesidades sociales y económicas, de las personas que emigran y de las sociedades emisora y receptora; tal percepción podría generar actitudes de rechazo y de miedo, así como también prejuicios negativos. Todo ello podría crear situaciones de tensión, que posiblemente acaben siendo conflictivas y, por consiguiente, en comportamientos de segregación y auto marginación, dificultando de esta manera la adaptación, la convivencia y el dialogo intercultural.

La inmigración es una oportunidad por el intercambio de valores culturales, el conocimiento de costumbres y hábitos, la pérdida del miedo a lo desconocido y al otro, lo que posibilita el conocimiento recíproco y facilita la aceptación y el respeto a la diferencia y la diversidad.

Integración intercultural

 La adaptación es la capacidad que tiene el ser humano para acomodarse, aclimatarse e integrarse en su entorno físico y cultural que está en continuo cambio, que a lo largo de su historia el sujeto ha tenido que afrontar y superar. Entre estos cambios está el fenómeno migratorio.

El proceso de adaptación se caracteriza por una serie de situaciones generadoras de estrés, que se asemejan al duelo y que conllevan como característica común la ambivalencia, que se extiende a lo largo de todo el proceso migratorio. Las características y el grado de elaboración de esta ambivalencia, tanto por el inmigrante como por la comunidad receptora y la de origen, van a definir el nivel de adaptación y/o integración vincular; considerada ésta como la relación de integración y de aceptación mutua inmigrante-comunidad. Esta adaptación es bio-psico-social, es decir, alcanza los tres niveles que configuran al sujeto.

Los cambios que este proceso produce en el sujeto abarcan sus relaciones externas e internas, así como la estructura de su personalidad (identidad), debido a la masiva y brusca ruptura de vínculos, a la búsqueda de un nuevo continente para sus emociones ambivalentes y al esfuerzo por el mantenimiento de lo esencial de su identidad.

Lo que caracteriza básicamente la experiencia emocional de la identidad es la capacidad de seguir siendo la misma persona a través de la sucesión de cambios a lo largo de la vida del individuo. Este proceso no está exento de reacciones de angustia y de depresión, debido a la ruptura de los vínculos que se traduce en una serie de duelos, y promueve la necesidad de su elaboración. En la sociedad emisora y, sobre todo, en la receptora, se crea la necesidad de modificar conceptos, valores y actitudes, para superar las ambivalencias, los miedos a la pérdida de la identidad social y la “pureza” cultural, que inicialmente genera el fenómeno migratorio.

 La persona inmigrante inicia el proceso de adaptación en el momento de tomar la decisión de emigrar, que le exige poner en marcha los mecanismos psicológicos necesarios para la adaptación, incluso antes de iniciar el viaje migratorio. Sin embargo, a nivel social el inicio es más tardío y está sujeto a las ganancias y pérdidas que supone la migración para ambas sociedades (emisora y receptora), así como a la magnitud del “precio” que tienen que pagar a cambio de cubrir sus necesidades y resolver sus problemas. Existe una estrecha relación entre el proyecto migratorio, el grado de consecución de los objetivos, el apoyo social, la elaboración del duelo y el proceso de adaptación. Es decir, a mayor apoyo social y éxito en la consecución de los objetivos del proyecto migratorio, mejor es la elaboración del duelo migratorio y, por consiguiente, habrá mejor adaptación a la nueva situación, y viceversa.

El logro de una integración intercultural no sólo beneficia a la población inmigrante, sino también a la sociedad receptora, porque contribuye a la mejora del clima social, al fomento de actitudes de solidaridad y de convivencia; asimismo mejora la autoestima, la estabilidad emocional y el rendimiento social y productivo de los inmigrantes; consiguiendo de este modo, y entre todos, la construcción y el mantenimiento de la sociedad del bienestar. Para conseguir una óptima integración intercultural, se hace necesaria una política migratoria que, entre otros aspectos, fomente la formulación de planes integrales de inmigración que impulsen y coordinen las diferentes actuaciones en todos los ámbitos políticos y sociales a nivel estatal, autonómico y local.

La integración intercultural se caracteriza por ser:

  • heterogénea, depende de las diferencias culturales, lingüísticas, religiosas, de género, de edad, de factores económicos, etc.
  • bilateral (bidireccional/interdependiente), depende de la interacción entre inmigrantes y sociedad de acogida y entre inmigrantes y su entorno sociofamiliar. Es decir, tanto la persona como la sociedad se tienen que adaptar a la nueva situación, afrontar y elaborar el duelo debido a los cambios, mestizajes, pérdidas y ganancias que genera el hecho migratorio.

10.2 Factores que facilitan la integración

 Es necesario tener en cuenta aquellos factores que podrían favorecer la adaptación de la población inmigrante, como, por ejemplo:

  • las actitudes proactivas de apoyo y solidaridad por parte de la sociedad de acogida.
  • el acceso a un empleo digno, una vivienda sana, la educación y la salud.
  • la agrupación familiar.
  • la realización de actividades interculturales.
  • la posibilidad de retorno; etc.

 El fomento de las asociaciones étnico-culturales, por su papel socializador, ayuda al inmigrante a mantener lazos afectivo-culturales con su país de origen, favorece el mantenimiento de cierto estatus social y de identidad. Es también muy importante promover las relaciones con asociaciones locales y ONG, para fomentar el intercambio, las actividades lúdicas y culturales y evitar el enclaustramiento de los inmigrantes en su propia cultura.

 Es preciso impulsar las medidas que ayuden a las personas inmigrantes a recuperar su posición social y facilitar su participación activa en todas las actividades productivas, sociales, culturales y políticas. En definitiva, ser considerados como ciudadanos con derechos y deberes.

Actuar de este modo, es decir, potenciando la acción en redes de apoyo, de solidaridad y de intercambio, tanto por parte de las colectividades de inmigrantes como por parte de la sociedad civil acogedora, ayudaría a crear un clima que favorezca la colaboración y potencie la autonomía y el empoderamiento de las personas inmigrantes.

Entendiendo el empoderamiento no como una realidad abstracta sino como un proceso personal, que consiste en asumir el control sobre la propia vida, y entraña cambios en la conciencia, la autonomía, la dignidad, el desarrollo personal, las identidades individuales y colectivas, la percepción del mundo y de sí mismo.

Así también, como un proceso que incrementa la capacidad de organizarse, en movimientos o redes sociales activas, para ejercer el poder, individual y colectivamente, de manera que esto les permita tener acceso a los recursos necesarios para sostener y mejorar sus vidas, ayudarse mutuamente y elevar demandas de apoyo a las instituciones y de cambio a la sociedad, ejerciendo sus derechos como ciudadanos.

Impacto del proceso migratorio sobre la salud

La salud mental de las personas inmigrantes y de sus familiares responde a un conjunto complejo e indisociable de factores individuales, sociales, económicos y culturales que remiten necesariamente a su estatus sociolaboral en la sociedad.

Como factores de riesgo cabe destacar la subocupación en actividades de riesgo, la ausencia de apoyo sociofamiliar, la falta de residencia fija, el hacinamiento y la cohabitación forzada.

Asimismo, la actitud de rechazo y hostigamiento por parte de algunos sectores de la sociedad receptora, la marginación, la automarginación y la exclusión social.

Dicho de otro modo, para que aparezcan los trastornos mentales tendrán que intervenir dos factores, interno y externo. Es decir, la predisposición o vulnerabilidad y las condiciones ambientales adversas como el hostigamiento y el aislamiento.

La inmigración afecta tanto a los individuos como al conjunto de la familia inmigrante, tanto a su interacción interna como con el contexto social, debido a las siguientes causas:

  • El impacto de los sucesos estresantes y/o traumáticos en cada uno de los miembros de la familia.
  • El impacto de la ruptura de los lazos familiares, comunitarios y sociales, y la pérdida de apoyo.
  • El desafío y la necesidad de sobrevivir en un contexto desconocido y muchas veces hostil.

Como señalan Grinberg, L. y Grinberg, R. (1984), “la migración podría entrar en la categoría de los traumatismos ‘acumulativos’ y de ‘tensión’, con reacciones no siempre ruidosas y aparentes, pero de efectos profundos y duraderos”. Aunque la migración no es en sí misma una causa de trastorno mental, se puede considerar como una cadena de acontecimientos vitales estresantes, que constituye un factor de riesgo, y como tal podría influir en el desencadenamiento de trastornos mentales habituales, pero matizados por el estrés migratorio y la visión del mundo de la cultura de la persona inmigrante.

Trastornos que puede causar la migración

Los trastornos mentales más frecuentes son las somatizaciones, las alteraciones adaptativas, afectivas y ansiosas, como consecuencia del estrés continuo y múltiple que padecen las personas inmigrantes, entre otros factores. Dicho de otro modo, no se trata de patologías específicas de la inmigración, más bien se trata de trastornos mentales comunes; la diferencia está en la influencia de la cultura en las manifestaciones clínicas, dicha influencia no afecta a la gravedad o no del trastorno mental, sino sólo al modo de expresarse mediante los síntomas sostenidos por el sistema de valores y las creencias de las personas. Sin embargo, las condiciones y las características de la situación en la que se encuentran las personas inmigrantes podrían influir en el grado de afectación, la gravedad y el pronóstico de los trastornos mentales. Es conveniente tener en consideración la presencia del duelo migratorio y su desarrollo y elaboración, debido a la eventualidad de que evolucione hacia algún tipo de trastorno mental, y en la posibilidad de realizar actuaciones de prevención y promoción de la salud mental de la población inmigrante.

El Duelo migratorio

El desarrollo y crecimiento psicológico, psicosocial e incluso el desarrollo humano en cualesquiera de sus facetas no está exento de elecciones, de renuncias y de pérdidas. En consecuencia, se puede entender la vida humana como un conjunto de procesos de duelo escalonados e imbricados.

La inmigración, como todo cambio social y personal, tiene su parte de duelo. Dicho duelo se explica por la pérdida múltiple y masiva de vínculos, con el entorno físico, social y cultural, por el dolor y la frustración de expectativas, que se producen por el hecho de trasladarse desde un sitio con vínculos afectivos a otro nuevo, al que tiene que adaptarse y desarrollar nuevos vínculos. Este duelo se manifiesta, fundamentalmente, con síntomas depresivos por las pérdidas, y con síntomas de ansiedad y confusionales debido al estrés del proceso adaptativo y a la lucha por conseguir sus anhelos. Este duelo es común a todo tipo de inmigración: “todos los inmigrantes aquellos que dejan sus países voluntariamente, o aquellos que se ven forzados a buscar asilo o refugio político, aquellos que vienen de lugares cercanos o de lugares lejanos, aquellos inmigrantes hombres, mujeres, jóvenes o viejos, ricos o pobres, sufren, en una medida u otra, alguna forma de pérdida, pena o duelo”

Lo que siente un inmigrante, pues, es un proceso de duelo en el que la persona tiene, ante todo, que asumir pérdidas, que generalmente desbaratan planes, esperanzas y sueños para el futuro (al menos temporalmente) y, por otra parte, desafían las creencias y asunciones acerca de uno mismo y del mundo. No obstante, la migración, como la mayoría de los acontecimientos de la vida, posee, junto a una serie de ventajas y beneficios, una serie de dificultades, de tensiones y de situaciones de esfuerzo. La migración es, muchas veces, más una solución que un problema. Pero es una solución que encierra, a su vez, su parte de problema, un “lado oscuro” de la migración, “un peaje: el duelo migratorio”.

La buena o mala elaboración de este duelo jugará, junto a otros factores, un importante papel en la presencia o no de trastornos mentales. Dicha elaboración depende a su vez de factores individuales, sociales, laborales y culturales.

La sociedad receptora también sufre cambios sociales al admitir en su seno a nuevas personas, con hábitos culturales y costumbres diferentes. Por esto se enfrenta a un duelo particular por la pérdida de la “pureza” cultural y de costumbres, durante el cual tiene que reelaborar y desarrollar nuevas actitudes y vínculos, así como nuevos valores, resultado del inevitable mestizaje. Duelo que será diferente, mejor o peor elaborado, dependiendo no solo de la distancia cultural, del porcentaje de inmigrantes en su seno, de la velocidad de llegada de nuevos inmigrantes, sino también de la actitud positiva o negativa de la sociedad receptora hacia la pluralidad cultural. También la sociedad emisora tiene su duelo, este dependerá de cómo vive esta pérdida de sus jóvenes y personas con formación, y también del resultado de la balanza entre las ganancias y las pérdidas.

Técnicas a utilizar para trabajar la adaptación por procesos migratorios

  • Cuestionario inicial. Este cuestionario consta de unas series de preguntas donde el cliente va a tener la oportunidad profundizar aspectos de su vida y podrá ser consciente de cómo ha vivido y está viviendo.
  • Intención Positiva. Gestionar una emoción limitante, buscando una intención positiva de la misma
  • Valores y objetivos y el Juego de los Valores, conocer los objetivos vitales personales y profesionales, así como los valores más importantes para el cliente y sobre todo la toma de conciencia de si hay que alinearlo con su vida, sabiendo que detrás de un objetivo siempre hay un valor.
  • Roles para el Cambio. Gestionar el cambio no intencionado, a partir del sentir y vivir distintos roles orientado al cambio acaecido, de forma que se tome conciencia y se habilite recursos para establecer mapas de acciones distintos
  • Visualización de un sitio seguro. Acompañar al cliente mediante una visualización a un lugar seguro, donde emocionalmente se sienta protegido, y desde donde pueda activar recursos y plantear opciones válidas ante cualquier situación. Para situaciones en la que el coche necesite un cierto equilibrio o estabilidad emocional.
  • Silla Vacía Emoción. Aquí se trabaja con la emoción directamente, ubicándola en una silla vacía
  • Visualización Afirmación Personal. Visualización para la toma de conciencia de las emociones personales, y para aumentar la autoestima y la confianza